
Como filólogo tengo que caer rendido a la evidencia, la cima del esperpento no llegó con Valle-Inclán. No, el esperpento aún sigue muy vivo entre nosotros y está evolucionando. Vamos, o eso o lo que yo viví en Salvemos Eurovisión no fue más que un sueño (ah sí, el fácil recurso del sueño, cuántas películas o series se han valido de él.).
He de reconocer, que hace unos años, cuando era un jovenzuelo ingenuo e inocente, yo era un pseudo-eurofan. Cada año esperaba la celbración del certamen con renovadas esperanzas de que la canción española de turno nos aupara al primer lugar, resonando en mi cabeza la dulce melodía de Spain twelve points. Pero año tras año venía la decepción, igualito que la selección de fútbol. Al principio no entendía nada, pero poco a poco te vas dando cuenta que hay un mamoneo entre vecinos infumable. Y a más a más, hay que sumar que los últimos años muchos de los representantes eran poco menos que frikis. Entonces, ¿qué sentido tiene tomarse en serio Eurovisión?. Exacto, la respuesta es que no tiene ningún sentido, reflexión idéntica a la que parece que la mayoría de los españolitos de bien hemos llegado. No de otra manera se entiende que la broma de Buenafuente haya ido tan lejos. Ha sido una bomba que le ha explotado en la manos a RTVE, la consecuencia lógica de hacer un concurso abierto donde cualquiera pudiera votar.
Hoy me he pasado por diversos foros y blogs de eurofans, donde la tónica general era la del insulto, digna del mal perdedor. Quizás debieran ser un poco críticos con el certmanen, empezar a pensar que el mal no es que Chikilicuatre represente a la piel de toro, sino el devenir de Eurovisión en los últimos años. Lo digo con todas la letras de la palabra, su respuesta al resultado en plena gala ha sido P-A-T-É-T-I-C-A: los gritos de "fuera, fuera" y "tongo, tongo" eran los que se tendrían que haber oído si la ganadora hubiese sido Coral (esa suerte de Mónica Naranjo o ¿¡¡María Kallas!!? como dijo la Carrá), su favorita y la del ente público que le ha dedicado innumerables espacios en su programación como ejemplo de buena candidata. Cuando se estaba hablando de una diferencia como mínimo de 90.000 votos a favor de Chikilicuatre, de pasar lo contrario, ¿dónde hubiese estado el gran tongo?. Igual de impresentable me pareció la pataleta del (gran) Uribarri, que no quiso felicitar al ganador; la verdad es que no sé dónde se pensaba que estaba, si uno se mete en el fregao lo hace con todas las de la ley. Si no miren a Boris Izaguirre, Bibí Andersen y Rosa, que seguro que no compartían la decisión final, pero sí la entendieron.
No me quiero extender más en el post, que según lo previsto debería ser más largo, incluyendo un análisis del resto de participantes, de los tertulianos, de la Carrá y de la gala en general, pero no me quiero ir sin decir un par de cosas:
- De ser un concurso serio, el ganador tendría que haber sido La Casa Azul.
- ¿Quién era esa especie de Lucke Perry que había en el sofá?
- The Chanclettes magnífico, muy divertido. Lo de la pajarraca creo que la Carrá aún no lo ha pillado.
- ¿Y el cuarto Teletubbie?
- De verdad, no es necesario según que estilismos ni amaneramientos.
Pd.: me muero de ganas de haber comentado una por una todas las actuaciones, pero bien mirado, pese que alguna se merece ser diseccionada a fondo, muchos de los que estaban encima del escenario se merecen todo el respeto del mundo, porque están trabajando para intentar salir adelante en esto de la música. Sin embargo, espero que se comprenda que un servidor y con los que compartió una magnífica velada por el cumpleaños de Víctor (30 añazos, ¿a qué esperas para ser padre?) se echaran una buenas risas ante lo que se estaba viendo.