Por si álguien cree que soy un misógeno por el contenido del post anterior (¿de verdad alguna alma cándida lo cree así?), voy a poner a parir a mi género, el masculino. Voy a dar la razón a todas aquellas feministas que defienden que el macho no piensa con el cerebro y lo hace con la otra cabeza. Y el resultado de tal aseveración científica la estuve a punto de padecer en primera persona, así que niños y niñas prestad atención a la fábula que os voy a relatar.Yo, por motivos sentimentales, me veo obligado a hacer casi semanalmente una serie de trayectos - espero que queden pocos ya - en coche desde Santa Coloma de Gramenet a Ripoll, para ello uso la vía C-17. Hasta aquí nada raro. Durante el trayecto hay una serie de sitios donde se colocan unas prostitutas para ofrecer sus servicios. No tengo nada que objetar sobre el tema, si ejercen el oficio más viejo del mundo con total libertad, son libres de hacerlo sin molestar a nadie. Pero es aquí donde vemos que los hombres pensamos con la punta de aquello, vamos, que vemos una tía que enseña algo más de carne de lo acostumbrado y perdermos la cabeza, además de la noción del espacio-tiempo. Esto último es peligroso, sobretodo si se va en coche a una velocidad de 100 km/h por una carretera muy transitada.

Entonces ahí me encuentro yo, a punto de padecer un ataque al corazón, porque el tío inútil (desgraciado, malnacido, etc.) que tenía delante de repente pega un frenazo que ni Fernando Alonso en la mitiquísima curva de Mónaco. El motivo - los más avispados de la clase ya lo habrán adivinado - , una serie de "señoras que fuman y te llaman de tú" al borde de la calzada. ¡El animal había frenado para alegrarse la vista!. Si hubiese podido le habría hecho tragarse hasta la rueda de repuesto.
En fin, el problema de los locos al volante es que muy a menudo no se matan sólos, se llevan por delante al resto que sólo pasaba por allí.
0 Dimes y diretes:
Publicar un comentario