1 de diciembre de 2008

Premios. Semana VII.

El jurado responsable de emitir los fallos correspondientes a los premios semanales - Cafre of the Week y Eres un Champion- de este humilde blog ha decidido dejar desierto el galardón Eres un Champion. Dicha decisión se ve motivada porque se considera que en los últimos siete días no se ha tenido noticia de nadie ni nada que pudiese optar. Así, que sin más, se pasa a presentar el Cafre of the Week:

CAFRE OF THE WEEK. ESPERANZA AGUIRRE.


Pobre señora Aguirre. No lo digo en serio, no me puedo imaginar lo terrorífico que debe ser el encontrarse en medio de un atentado, con granadas, balas, explosiones y muerte. Hasta aquí todo lo dicho es en serio, que nadie sea malpensado. Ahora, que la señora presidenta de la Comunidad de Madrid, la adalid del Pp, se pegue un baño de masas para relatarnos a todos lo que ha sufrido, los esfuerzos heróicos que tuvo que hacer para sobrevivir y aparecer con unos calcetines prestados para darnos más sensación de haber salido de un episodio de Lost que de haber vuelto de un vuelo y haber tenido tiempo suficiente para adecentarse para una comparecencia pública... pues la cosa huele mucho a gato quemado.

Porque los hechos que relatava la cólera de Dios, con ella huyendo del hotel pisando charcos de sangre, es lo más parecido al guión de una nueva entrega de Delta Force que he escuchado en años... o lustros. Pero lo bueno del asunto es que la idea que el discurso que soltó la señora que no llega a fin de mes refleja que fue ella la que se puso al mando del grupo y abrió el camino a su séquito para que pudiesen salvar la vida. ¿Hacía falta semejante demostración?, ¿o es una de los tantos autobombos que dña. Esperanza nos suelta de vez en cuando?.


Eso sí, mucho cargo importante, mucha cabeza visible de la representación, todo para hacer como las ratas, ya sabéis, en cuanto el barco se hunde son las primeras en salir pitando. Es comprensible que nadie sabe cómo va a reaccionar en una situación parecida a la vivida en la India, pero cuando ostentas un cargo semejante, que también lleva implícito un cierto peso simbólico, lo menos que debería haber hecho es ser la última en salir de allí: hasta que el último de la representación que ella comandaba no hubiese estado a salvo, su obligación moral era la misma que la de un capitán de un barco. Mientras, aún tenemos algunos heridos en el hospital ella ya está en su casa, tranquilita y ajena a la desgracia. Por lo menos habrá tenido la decencia de devolver a su dueño los calcetines limpios.

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