19 de diciembre de 2008

Password.

Por norma general, no me gustan los concursos de televisión. Ya sé que mucha gente está enganchada a programas como Quieres ser Millonario, 50x15, La Ruleta de la Fortuna, Allá Tú y demás, pero a mí no me enganchan. La verdad es que me aburren de sobremanera.

Sin embargo, hay uno que puedo ver sin bostezar cada dos por tres, se trata de Password, que emite actualmente Cuatro de lunes a viernes por las tardes. El mecanismo es tan sencillo como atractivo: por parejas, uno ve una palabra y el otro tiene que adivinar qué palabra es mediante otras palabras (... joder, cuantas veces repito "palabra", parece que no tengo léxico). Lo gracioso es comprobar que los referentes y la forma de pensar de la pareja pueden ser tan diferentes que conceptos a priori sencillos se pierden en infinidad de posibilidades.



En el concurso de la cadena de Prisa, los duos están formados por un concursante y un famoso. Los concursantes anónimos ya saben a lo que van y tienen un nivel digno de cultural popular para hacer frente a las fases del juego, pero lo bueno viene cuando te topas con un famoso que en su vida ha abierto un libro, vamos, de esos que son lo que son por su cara bonita. Es cuando quedan en evidencia (pero a ellos plin, porque no deben entender los que significa "evidencia"). Es entonces cuando te pones en la pies del pobre concursante, que ha ido a ganar algo de dinero, cuyos esfuerzos en buscar las neuronas del cuerpo que tiene delante se pierden en la nada.


Los que se encargan de buscar a los famosetes para Password deberían ir con más cuidadín con los personajes que escogen, porque en el fondo los concursantes van en serio y algún día, al ver que les toca un inepto de tres pares de narices, tendremos una desgracia.

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