Decía yo hace un año por estos lares que me parecía bien el boom de los llamados libros mediáticos, porque aunque la mayoría de los grandes autores decían que eran poco más que basura impresa, para mí cumplían la gran labor de llevar la lectura a gente que por ella misma jamás se compraría un libro. Vamos, que se fomenta la lectura.

Sigo pensando lo mismo, quizás sea debido a que soy capaz de entender el hábito lector como algo que puede ser ameno y no tener que enriquecer el interior de nadie, sólo entretener, ¡ojo, que no es poco!. Por esto no creo que se me pueda llamar superfluo ni analfabeto, en eso no soy sospechoso, ya que soy capaz de leerme el Lazarillo de Tormes como una recopilación de los monólogos de Buenafuente. Aunque esta última justificación sí que me hace sospechoso... nota mental : justificarse te hace sospechoso.
Lo que me resulta menos bien es que los medios de comunicación (televisión, diarios, revistas, radios...) de los que se autodenominan serios parece que sólo se acuerdan de los libros en estas fechas: que si especiales, recomendaciones de famosos, entrevistas a los autores, etc. Así claro que en este país al sur de los Pirineos se lea poco. Siendo sinceros, la gente se deja llevar por lo que ve/lee/oye y ahora toca comprar libros. En fin, así no es de extrañar que libros como los de Pilar Urbano o Chelo García Cortés estén en primera línea de los sitios donde se venden libros (digo sitio porque las librerías no es el único lugar donde se venden, ahora incluso los hay en el Media Market), porque son los libros más publicitados en los medios de comunicación.
Cambiando de tema - algo cortito - me aventuro a decir que al libro como tal le queda mucha vida, no creo que los libros electrónicos se coman el mercado del papel impreso (¡uy como pase!, en el momento que la gente se descargue los libros la nueva ministra de cultura Sinde nos prohibe Internet... ¿ah, que ya quiere hacer eso?). Recordad, quién tiene un libro tiene un tesoro.







