9 de marzo de 2009

Zombie Island.

Un mes después del desastre global: las naciones más desarrolladas del mundo han sucumbido a las masas de zombis. En Nueva York, los muertos han tomado las calles, empujados por un hambre insaciable de cualquier ente vivo. Desde la otra parte del planeta, un pequeño grupo de colegialas soldado armadas hasta los dientes, guiadas por un ex inspector de armamento de la ONU, se dirigen a la ciudad en busca de un medicamento que necesitan desesperadamente. Creen estar preparadas para todo.
Pronto descubrirán que hay algo peor que los muertos.


Este es el gancho que aparece en la contraportada de Zombie Island, de David Wellington. A primera vista y si no supiéramos que se trata de una novela, más de uno y de dos podría pensar que o bien se trata de un film de Uwe Boll o de una película porno de serie B: un mundo apocalíptico, zombis y un desvalido a la vez que armado grupo de colegialas solas con un hombre. Pues no, estamos ante - según mi opinión personal - la peor novela de muertos vivientes de la historia.

¡¡ Danger de spoilers !!

Lo que nos encontramos es a un inspector de la ONU que trabaja en África y se lleva consigo a su hija adolescente (claro, la niña prefiere ir con su padre al continente negro en vez de ser la jefa de las animadoras del insti), lo que hace que tengan la suerte de no estar en plena civilización y "escapar" a la pandemia zombie. Sin embargo, caen prisioneros de una especie de amazonas que han creado una mini-sociedad matriarcal. Pero cambiemos amazonas por niñas musulmanas (sí, las colegialas que se decía antes). Esta sociedad está liderada por una señora, muy venerada por las niñas ya que las ha salvado y organizado, ergo, matarían por ella. Y ahí entra nuestro prota, ya que la jefa del tinglado tiene SIDA y necesita medicamentos para no morirse. Agotados todos los recursos medicinales en kilómetros, piden amablemente al inspector que les lleve en barco a Nueva York, con la esperanza de encontrar allí los medicamentos que urgen, más concretamente en el edifico de las Naciones Unidas (nota del autor: cambiar pedir amablemente por meter a la hija en una celda y amenazar con rebanarle el pescuezo si no cumple).


Pues ala, ya tenemos a la niñas y al tipejo de la ONU en la bahía de New York, viendo un panorama desolador y a cientos de zombis intentando abordar el barco. Pero claro, iendo en barquito podían llegar lo bastante lejos, así que el autor decide colocar en medio del río unos obstaculos en forma de piras de cadáveres a lo 300 que hacen imposible continuar: pie a tierra.

Por otro lado, tenemos a un doctor en su casa, que se despierta en la bañera. Pero en vez de faltarle un riñón, tener un móbil a mano y ver en el espejo del cuarto de baño escrito con pintalabios "llama a emergencias, te falta un riñón", lo que encontramos es la teoría médica más descabellada en la historia zombie: el amigo se llevó a casa una máquina de diálisis, se infectó, se cambia la sangre y, ¡zas!, es un zombie pero con conciencia.

Como no, ambos protagonistas se encuentran y nace así una relación amistad-enemistad bonita. Mas, el doctor por mucha conciencia que tenga no deja de ser un zombie y la carne poco hecha le va cantidubi. Es aquí donde al señor Welligton se le va la cabeza del todo: lo que los zombies buscan cuando comen es la energía vital de los seres vivos, una especie de auréa que tienen, desde personas, moscas y ¡¡plantas!!, ¡¡ muertos viviente que comen árboles!!.

Pero el despropósito no acaba aquí. Resulta que nuestro doctor, al ser un zombie especial, a pesar de que le peguen un tiro entre ceja y ceja, se puede regenerar porque es capaz de chupar esa energía de otros muertos. Y eso no es todo amigos, también poseé poderes psíquicos que le permite controlar a otros zombies. La lista de majaderías no acaba aquí, ya que aparecen momias, pájaros zombies, unos supervivientes que tienen montado un bunker en el metro... Pero lo que llama verdaremente la atención es, aún hablando de la urbe más importante de la civilización, habitada por millones de almas, los personajes se pueden pasear por pleno Manhattan sin econtrarse con un zombi.


Yo no la puedo recomendar, pero bueno, si álguien no tienen nada mejor que hacer:
Zombie Island.
David Wellington
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Editorial Timun Mas.

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