Mira que lo sabía, que los ingredientes eran los mismos de siempre: la Guerra Civil, un cura con bajos instintos, una mujer (con más o menos ardores uterinos) y un ambientillo deprimente. ¿Y qué da como resultado?, cine español, puro y duro, muy duro sobretodo para el espectador.La historia que cuenta Los Girasoles Ciegos es la misma de siempre, pero no por eso voy a dejar de contarla: un cura... bueno, un canónigo, sufre una crisis de fe porque le tiran mucho las señoras es enviado a dar clases fuera del seminario y claro, se fija en la madre de uno de los niños, peeero esta mujer esconde en casa a su marido - al que todos dan por muerto - perseguido por los franquistas. A partir de aquí vemos el sufrimiento de todo el mundo, porque en la peli todos sufren: el del cura al que le van a explotar los wikis, la mujer que sufre por esconder al marido y porque tiene un calentón encima que no se lo salta un galgo, el marido que está atrapado en un zulo en su casa y el niño que está agobiado porque el cura no deja de preguntarle en clase la tabla de multiplicar. Hay otra historia, la de la hija del matrimonio que la verdad tampoco aporta mucho a lo que se cuenta.
Los actores, pues ni fu ni fa. Mira que poder poner en cartel que tienes a Maribel Verdú y Javier Cámara ya tiene su miga, pero desde luego no son estos los mejores papeles ni sus mejores interpretaciones. Raúl Arévalo, el canónigo, es lo único destacable, porque el tío hace de cabrón quemado y convence. Por cierto, sale uno de los niños de El Internado, cuyo mérito en este caso para pasar el cásting debió ser el acento gallego.

Lo dicho, estamos ante un film que bien podría haber sido una teleserie de La Uno - que te gusten o no hay que reconocerles la más que correcta factura - y que en ese caso hubiese sido más bien discretita. Ahora que hay crisis, buena opción la de ahorrarnos esta entrada de cine.
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