22 de octubre de 2008

El gen "maruja de portería".


Seamos sinceros, todos - y aquí no se salva nadie - tenemos algo de gen de "maruja de portería", es decir, nos encanta saber qué tal le va a los demás. Pero no nos pongamos dignos y entonemos la cantinela esa de yo no veo los programas del corazón, que no, que me refiero a un tipo de curiosidad, digamos, más local.

¿Qué es lo siguiente que hacemos después de haber buscado todo el porno del mundo por internet, ¿tras haber abierto cientos de cuentas de correo y habernos apuntado a redes sociales, foros, etc.?, ¿examinado la red en busca de gente que comparta nuestras extrañas aficiones?... ¿Qué viene a continuación?. Pues poner nuestro nombre en el Google y a ver qué sale, lo que en un principio es muy descoranozador porque seguramente salen mil y un resultados que nada tienen que ver con nosotros. Pero nos damos cuenta que a la búsqueda le faltaba algo, claaaaro, las comillas, así seguro que no fallamos... pero sí, ni con comillas. Si uno no aparece en el Google es como si no existiera.

Mas, como somos unos cotillas empedernidos, esta búsqueda evoluciona y casi a escondidas incluso de uno mismo, en la casilla de búsqueda empezamos a escribir una serie de nombres de persona que desde luego no son al azar. Se trata de viejos amigos a los que hemos perdido el contacto, amores platónicos para saber con quién han acabado (el despecho nos pide que con álguien no tan bueno como uno mismo, cosa bastante probable), gente rabiosa a la que esperas que la vida haya puesto en su sitio y demás fauna humana que en su momento tuvo la suerte/desgracia de haberse cruzado en tu vida. En un principio lo haces como si fuera un delito, como si la otra persona pudiera detectar tu búsqueda y pensar que menudo tolai con mucho tiempo libre que eres; la vergüenza empieza a apoderarse de ti. Pero pasados unos minutos en que el yo racional toma el control, te das cuenta que esa actividad sólo queda entre uno mismo y los satélites espía de E.E.U.U.. Y entonces, la maruja que llevas dentro se desata totalmente y caes en un frenesí de búsquedas que sacien tu ansía de cotilla.

En fin, no os preocupeis ni os dé vergüenza, porque lo hacemos todos en la misma medida que somos el objeto de las búsquedas de los demás.

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