26 de mayo de 2008

Los ladrones van a la oficina.

No, este post no va ir sobre aquella serie de Antena 3 emitió hace ya muchos años y que ahora podemos volver a disfrutar (¿?) en alguna de sus plataformas de la TDT (que por cierto, ¿dónde estaba la oficina, porque del bar no salían?... a no ser que el bar se llamase Bar Oficina). Hoy voy a escribir sobre ese fenómeno que sucede tarde o temprano en lugares de trabajo, donde ya sea por descuido o por confianza, acaban desapareciendo cosas.

El otro día un compañero me comentó que una vez se trajo un lápiz de memoria (o memoria USB, o pen-drive, etc.) donde llevaba grabados unos capítulos de diversas series para visionarlas durante el turno de noche - sí, donde trabajo es un servicio de esos 24 horas con ordenadores y teléfonos. Como no los acabó de ver pues decidió dejar la memoria bien guardada en su bandeja personal en vez de llevársela a casa. Pues pasó lo que ya os podéis suponer: al día siguiente ya no estaba. No deja de ser violento ya que no hay mucha gente, apenas seremos unos 20 repartidos en tres turnos y para más inri no hay malos rollos evidentes y la gente en bastante legal. Lo peor de todo es que la persona que lo robó ya iba con la idea de hacerlo ya que estuvo urgando la bandeja hasta encontrar algo, y encima no creo que buscara sólo en una sola.

A uno, que es bastante inocentón y nunca ha "merendado" en el Carrefour (cuando tenía la edad de hacerlo era Continente), se le escapan estas cosas. Creo que es muy triste robar a un compañero, al que tienes que ver y con el que tienes que hablar todos los días. Más cuando sabes lo que cobra (lo mismo) y lo que puede suponer la compra de un "capricho" de esos para ese sueldo. En fin, espero que al cleptómano le aproveche su botín y se confunda de ranura al conectarlo averiguando que el ano no es compatible con el USB 2.0.

0 Dimes y diretes:

© 28 AÑOS DESPUÉS - Template by Blogger Sablonlari